Historia de un pelotero

Artículo publicado en la Revista de la Peña Bética José María de La Concha de la Puebla de Cazalla el 01/08/2018

¡La ilusión de un pelotero de 14 años!

Me han pedido una colaboración con la revista de la Peña Bética de La Puebla de Cazalla, para que contase mi experiencia de mi paso por la cantera del Real Betis Balompié. Hace de eso muchos años, pero me atrevo a escribirlo de memoria, porque la ilusión de un pelotero de catorce años por jugar en la cantera del Betis es inolvidable.

Corría el año 1976, por aquella época casi solo pensaba en jugar al futbol, en ser pelotero, sin ninguna aspiración, porque los que jugaban al fútbol eran peloteros, no recuerdo quién me dio la noticia, mejor dicho, quién se la dio a mi padre:  «El niño que esté en el campo del Betis el martes a las cinco de la tarde».

Hasta ese momento solo había jugado en el equipo del colegio San José y todas las tardes me iba al campo del Puebla por si el «mister» me dejaba ponerme bajo palos, mejor dicho «bajo tubos», las porterías del campo del Puebla eran de hierro, para que chutasen los jugadores, Antonio Cadena, Curri, Jose Mari Cadena, Pepe «el largo», Valderrama, (grande y chico)… era lo que más me gustaba, ponerme en la portería en aquel campo de albero.

En el verano del 1976, llego al estadio Benito Villamarín, aquél que había visto desde las gradas del Gol Sur tantas veces con mi padre,  sin saber exactamente por qué estaba allí, entro por una puerta que daba exactamente a unos vestuarios que había en la esquina del Gol norte con Fondo, me cambio, me asomo y veo el campo completamente vacío, enorme, precioso, llega Ignacio, el utillero: «El césped no se pisa, vosotros al campo de fuera», el «Maracaná» le llamaban, era un campo de tierra oscura, mucho más «blandita» que el de albero de La Puebla,  en la misma esquina del gol Norte con Fondo, entre el campo del Betis y la Avda. de la Palmera, vallado y con unas porterías enormes, pero el campo de dimensiones pequeñitas.

Llegó el entrenador, Mani, me llama y me pregunta: «tú eres nuevo, ¿no?, ¿cómo te llamas?, ¿de dónde eres?, ¿de qué juegas?…» todas las preguntas las contesté tímidamente, tenía 14 años, jugaba de portero, medía 1,83, pesaba 75 Kg. 50 pulsaciones en reposo, tensión arterial 13/6, estos últimos datos los supe después de pasar por la enfermería, que estaba en la zona noble, debajo de preferencia, al lado de los vestuarios del primer equipo, ¡qué maravilla de vestuarios! para los que estaba acostumbrados… y al lado el gimnasio, en la esquina de preferencia con Gol Norte.

Después del entrenamiento, nos duchamos y me dicen:  «hasta mañana a las 5», nadie me dijo que había fichado por el Betis, un día,  alguien me dijo: «Te quedas a dormir en la pensión de la calle Rubén, 5, coges el 18 enfrente del estadio y te bajas en Plaza Nueva, en la última parada, vas andando hasta la pensión, (no sé cómo, pero llegué) mañana por la mañana te pasas por la Secretaría de la calle Conde Barajas.  Un hombre, después supe que era Quijano, me preguntó mis datos, supongo que ficharía en ese momento. Ya fueron todos los martes, miércoles y jueves, a veces el viernes entrenando, jugábamos los domingos.

Los entrenamientos eran: Estiramientos, ejercicios físicos, trabajando desde los tobillos subiendo hasta el cuello por ese orden, control de las constantes y balón, con balón era: jugadas de estrategias y partidillo, los porteros teníamos un entrenador de portero algunas veces.  Un día, al terminar el partido de entrenamiento, me dice Mani, Raya, quédate en esa portería, me decían Raya desde el principio, supongo porque en la ficha se equivocaron y me cambiaron los apellidos.

Me quedé en la portería y vino un hombre, por aquel entonces para mi parecer un poco mayor, comenzó a tirarme a puerta, ¡en aquella portaría tan grande!, comencé a parar, era mi especialidad, nunca llegué a jugar en el Puebla, F.C., era muy joven, pero sí entrené muchas veces con ellos, el Mister me ponía muchas veces a que me tiraran los jugadores del Puebla, siendo un niño. Cuando terminamos me voy a los vestuarios, me estaban esperando mis compañeros, ¡todos con una cara!, ¿sabes quién te ha estado chutando? me preguntaron, no, contesté, pues es Luis del Sol.

Normalmente entrenaba en el «Maracaná», con los infantiles, con los que jugaba cada domingo, con mi entrenador Mani, a veces en el campo que estaba al lado del «Maracana», entre la Avenida de la Palmera y el Gol Sur del Benito Villamarín, con los juveniles, con Peréira y Benitez (creo recordar),  también lo hacía en el campo del Cross, en San Juan de Aznalfarache, con los juveniles, a veces entrenaba con Pedro Buenaventura, el primer entrenador de los juveniles, con él todos queríamos entrenar, sabías que si le gustabas podrías subir… Nunca entendí por qué cambiaba tanto de entrenador cuando siempre jugaba con el mismo equipo, el primer equipo de infantiles.

Aquí me falla la memoria, no sé si se llamaba Triana o Betis Deportivo o Betis B,  el segundo equipo del Betis, en aquella época creo que cambió de nombre, pero un día me dicen: «mañana por la mañana entrenas con el segundo equipo», nunca llegué a entender que pasaba.

De pronto, una mañana, me veo entrenando con Javier portero del segundo equipo, uno de mis ídolos, lo vi, junto con Guillen y Rafa (con los que después conviviría en la pensión de Calle Rubén, 5) en un feria en La Puebla, en un partido amistoso, aunque para mí el mejor de todos los tiempo y al que quería parecerme era José Ramón Esnaola, desde que lo vi en un Betis-Real Sociedad, no había quien le colara un gol (Esnaola vestía con camiseta roja, las dos camisetas que más me han gustado, la primera verde (aquel verde oliva inolvidable y la roja).  Mi ídolo eran Esnaola del primer equipo,  me gustaba Javier del Segundo y Pedro el portero del primer equipo de juveniles, (me gustaba mucho internacionalmente Mair, portero de la selección alemana y del Bayern) había cuatro equipos de juveniles,  yo era el portero del primer equipo de infantiles, había tres equipos de infantiles.

En aquel Betis Deportivo con que el que comencé a entrenar estaban Gordillo, Alex, Arana, Pepín, recuerdo especialmente a Alex, que me trataba con mucho cariño y me animaba mucho entre tanta gente «tan mayor para mí» y por supuesto a Guillen y Rafa a quiénes conocía de la pensión,  el entrenador del segundo equipo era Areta, un día me dicen, chaval, mañana por la mañana en el campo de Betis, dije, ¡otra vez a entrenar con los infantiles!, pero no, los infantiles entrenaban por la tarde,  era para entrenar con el entrenador de porteros del Betis.

Vi -con la boca abierta- entrenar a Esnaola y Campos, el tercer portero creo que era Pesudo, ves de cerca a tu ídolo Esnaola, no me parecía tan bajo como decían,  me dejan pisar el césped del Benito Villamarín, tocar la portería, para mí eran más bajitas de las que estaba acostumbrado, llegaba fácilmente al larguero,  me contaron el motivo, aunque no lo escribo, porque no sé si es cierto. Entrené con el entrenador de porteros, un hombre mayor (con 15 años, todos parecen mayores), muy amable, me enseñó a «volar», ponía una silla y tenías que «volar» por encima y coger el balón, a poner las manos, el cuerpo,  para quedarte con el balón, antes a los porteros nos obligaban a coger el balón, nada de despejar…

En Sevilla, con 15 años recién cumplidos, entrenaba y me volvía a la pensión en calle Rubén número 5, una bocacalle de la calle Conde Baraja, donde estaba la Secretaría del Betis, en la secretaría había que hablar con Quijano, si querías cualquier cosa, desde cambiar de habitación, pasando por las matrículas de los estudios, (tenías que estar estudiando si querías jugar, es la única condición que puso mi padre) o cualquier cosa, había que hablar con Quijano.

En la Pensión coincidí con Guillen y Rafa, del Betis Deportivo,  con Pepín, no era el que jugaba en el Betis deportivo, era juvenil y ¡cómo no!, mis paisanos,  primero coincidí con Lobato y con Toledo, ya estaban allí cuando llegué por primera vez,  después se fueron a un piso de la C/ Arjona, eran mayores que yo, muy buenos compañeros, «me protegieron» en mi llegada a la pensión, con la broma del salero y la sopa…, después con mi hermano, Antonio Borrego,  defensa derecho, con mucha fuerza, con «el Melli», Francisco Jiménez, delantero centro.

Uno con, 15 años vive los momentos, pero no se da cuenta de dónde está, ni dónde puede llegar, solo quieres jugar el domingo, ganar los partidos, no te planteas con quién estás entrenando y mucho menos por qué estás entrenando con un equipo que no es con el que juegas el domingo…

Una anécdota: Normalmente jugábamos en campos de tierra, nos daban la equipación en los vestuarios, pero fuimos a jugar a Elche, creo recordar que era los últimos partidos en el viejo estadio, porque inauguraba uno nuevo, el campo naturalmente de césped, las botas de tacos eran usadas, en este caso del primer equipo, «sorpresa» tenían los nombres en las botas, busqué desesperadamente las de Esnaola, las conseguí, pero cuando intento ponerlas me quedan pequeña, intenté ponerme solo las medias, (normalmente jugaba con calcetines y  medias) pero no había forma, menos mal que por lo menos salí vestido con camiseta verde y calzonas negras, como me gustaba ver a mi ídolo, José Ramón Esnaola.

Igual he cambiado algunos nombres, seguro que me he dejado otros muchos detrás, pero he escrito de memoria, entonces no había Facebook para dejar constancia de todo…

¡Un placer volver a recodar aquella época y a mi ídolo el Gran ESNAOLA!

Jaime Borrego Raya.

 

 

 

 

 

 

 

 

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